Como los medios alimentaron el temor al coronavirus

Es un hecho, las enfermedades contagiosas dan miedo y en especial las que no conocemos, porque son impredecibles. El brote de este nuevo virus ha recibido muchísima atención de todos los medios. Esta cobertura puede decirnos mucho sobre cómo la incertidumbre frente a una epidemia de este tipo puede generar miedo con mucha facilidad. La cobertura es vital para nuestras conversaciones y juega un papel clave en la regulación de nuestras emociones, incluido el miedo.

Si bien el miedo es una emoción que experimentamos con frecuencia como personas, es contagioso y puede extenderse rápidamente, circula a través de grupos y comunidades y da forma a nuestras reacciones ante los eventos.

Pongamos un ejemplo de esta cobertura mediática; A pesar de lo que muchos creen, las noticias NO nos dicen qué pensar, nos dicen en qué pensar y al hacerlo, nos indican qué temas merecen nuestra atención. Consistentemente, cuando los temas reciben una demasiada cobertura mediática y son recurrentes en las noticias, también llegan a ser vistos con más importancia por el público.

Pero, centrémonos en lo que nos interesa; A medida que el COVID-19 se propaga por el país, las redes sociales como Facebook y Twitter, están facilitando las conversaciones sobre el virus, al tiempo que permiten que se extienda el sensacionalismo y la desinformación, pero la visión optimista es que las redes sociales podrían resultar útiles en un momento en que muchos de nosotros estamos aislados.

Los científicos y otros expertos en salud pública también están utilizando las redes sociales para interactuar más directamente con el público o discutir investigaciones emergentes, tenemos el ejemplo del subsecretario de salud Hugo López-Gatell, que cada día a las 7 pm. Sale a dar el recuento y avance del virus.

Pero, por cada experto que intenta compartir información precisa, hay miles de usuarios que difunden rumores, sensacionalismo y otras formas de desinformación. Para aquellos con información precisa es más importante que nunca asegurarse de que se les escuche. Es más fácil decirlo que hacerlo. Ya que, los algoritmos que dan forma a lo que vemos en las redes sociales generalmente promueven contenido que genera la mayor participación; las publicaciones que atraen más ojos se extienden. Este modelo es parcialmente responsable de la difusión de información errónea y noticias falsas en línea, ya que el contenido impactante o emocionalmente cargado es particularmente bueno para atraer la atención de las personas.

Las redes sociales están cambiando la forma en que la sociedad percibe y responde al brote de COVID-19. Las personas imitan acciones de otras personas, y es más probable que compren en pánico si ven a alguien más publicando sobre sus compras de pánico, si ven fotos de sus amigos en Instagram, ignorando el llamado a quedarse en casa pueden ser más propensos a salir también.

Una dosis saludable de miedo podría ser justo lo que se necesita durante una crisis como esta, ya que un nivel moderado de sensacionalismo que suscita temor” en tales mensajes podría aumentar la participación de las personas, cuando tales mensajes se combinan con información útil que ayuda a las personas a protegerse o diagnosticar síntomas, la combinación puede convertirse en un poderoso mensaje de comunicación y procesable, dando como resultado un amplio intercambio y compromiso entre la población.

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